jueves, 26 de septiembre de 2013

Vía Crucis con motivo del Año de la Fe

Muchas ciudades españolas han realizado a lo largo de este 2013 un Vía Crucis con motivo del Año de la Fe, proclamado por el Papa Benedicto XVI.

Por esta razón, la Asociación Luz Penitente, se reunió hace unos meses para intentar celebrar este acto en Zamora, pues es una ciudad que creemos necesita más jornadas de este tipo.

Ante la negativa de llevar el proyecto adelante, queremos publicar en nuestro blog esa idea que tuvimos para compartirla con todos vosotros y, al menos, rendirle un homenaje a ese Año de la Fe.

Recorrido:
En la Plaza Mayor, donde el Ayuntamiento, se colocaría un pequeño altar para la oración. Los pasos salen del Museo de Semana Santa dirección a la Calle Ramos Carrión.
Estacionan a lo largo de la calle y, cuando da comienzo el rezo de la Estación, el paso correspondiente entra a la Plaza Mayor hacia el Ayuntamiento a ritmo de procesión. Una vez finalizada la oración, el paso gira para dirigirse al Museo y, acto seguido, entraría en escena la siguiente Estación.

Estaciones:
Como a Zamora le falta una imagen para coincidir en todas las Estaciones (sólo dispone de dos caídas, faltaría una), las hemos modificado ligeramente. Así pues, añadiríamos una nueva que pasaría a ser la Primera Estación: “Jesús es traicionado por Judas”. Para las Estaciones utilizaríamos imágenes y pasos procesionales de nuestra Semana Santa y, si es posible su traslado, de otros municipios pertenecientes a la Diócesis zamorana. Queremos darle protagonismo, también, a las imágenes que no desfilan en la actualidad. El resultado final vendría a ser el siguiente con todas las opciones:





I.            Jesús es Traicionado por Judas:
     · El Prendimiento (Miguel Torija, 1898), de la Cofradía de la Santa Vera Cruz.
Foto: Juan Manuel Lorenzo
      V- Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R- Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Ha llegado la hora, y el Hijo del hombre es entregado. En aquel instante llegó Judas, uno de los doce, y con él un tropel de espadas y garrotes, el traidor les había dado la señal, “A quien yo besare, ese es” – ¿Con un beso entregas al hijo del hombre? Entonces Simón Pedro sacó una espada e hirió a un siervo, Malco. Jesús mandó parar y tocándole la oreja le curó.
¡Jesús mío, que aceptaste la voluntad del Padre por nosotros, ten piedad y misericordia de nosotros!

II.            Jesús es Condenado a Muerte:
      · Ecce Homo (Gil de Ronza, 1522) o
      · La Sentencia (Ramón Núñez, 1926), ambas de la Cofradía de la Santa Vera Cruz.
Foto: Juan Manuel Lorenzo
      V- Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R- Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Con las manos atadas, como un criminal, Jesús que es la inocencia y la santidad misma, está ante el infame juez que pronuncia la sentencia.
Jesús, fuente de vida, es condenado a muerte. El Hijo de Dios, Juez supremo de vivos y muertos, escucha su condena de labios del hombre pecador. Ante tamaña monstruosidad tiemblan los cielos y se estremece la tierra… Y ¿es posible que el alma cristiana permanezca indiferente? ¿Qué hacer por un Dios que muere por nuestro amor? ¿Cómo le podemos pagar un amor tan grande y excesivo? ¡Nuestra ingratitud es la sentencia con la que cada día le condenamos de nuevo a muerte!
¡Jesús mío, que quisiste ser condenado a muerte por nuestro amor, ten piedad y misericordia de nosotros!

III.            Jesús carga con la Cruz:
        · Nazareno de San Frontis (atribuido a Gaspar de Acosta, s. XVI), de la Cofradía del Vía Crucis o
        · Nazareno de la Vera Cruz (anónimo, s. XVII), de la Cofradía de la Santa Vera Cruz o
        · Nazareno (Ramón Álvarez, s.XIX), de la Cofradía Jesús Nazareno de Villaralbo.

Foto: Jesús García
V- Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R- Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Sobre las espaldas llagadas, sobre aquellos hombros doloridos y rasgados, colocan sin compasión el pesado madero de la Cruz.
Jesús es llevado por la Vía Dolorosa, como oveja que va al matadero; así es conducido a la muerte nuestro adorable Redentor. Ha perdido tanta sangre en los anteriores tormentos, y está tan acabado, que la natural flaqueza apenas le permite tenerse en pie.
Mírale cubierto de heridas, con el haz de espinas sobre la cabeza, con el pesado madero sobre los hombros llagados, y con un verdugo que le tira de una cuerda atada al cuello.
Nosotros, a la vez que contemplamos a Cristo cargado con la cruz, oigamos su voz que nos dice: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame».
¡Jesús mío, cargado con la cruz de nuestros pecados para liberarnos de ellos, ten piedad y misericordia de nosotros!

IV.            Primera Caída:
        · La Caída (Ramón Álvarez, 1878), de la Cofradía de Jesús Nazareno Vulgo Congregación.

Foto: Guillermo Merino

      V- Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R- Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Jesús, rendido por el cansancio y los terribles dolores que el peso de la cruz le causa en la heridas del hombro y espaldas, apenas puede andar El verdugo le tira de la soga que lleva al cuello, tropieza, pierde el equilibrio, y el Salvador del mundo cae al suelo.
Se sucedieron los golpes e imprecaciones de los soldados, las risas y expectación del público. Jesús, con toda la fuerza de su voluntad y a empellones, logró levantarse para seguir su camino.
Jesús, nos enseña que nosotros también podemos caer, y que hemos de comprender a los que caen; ninguno debe quedar postrado; todos hemos de levantarnos con humildad y confianza buscando su ayuda y perdón.
¡Jesús mío, que sucumbiste bajo el peso de nuestros pecados para expiarlos, ten piedad y misericordia de nosotros!

V.            Jesús Encuentra a su Madre:
        Cualquier Dolorosa encajaría a la perfección en esta Estación, destacando:
      · Virgen de la Amargura (Ramón Abrantes, 1959), de la Hermandad de Jesús en su Tercera Caída o
      · Virgen de las Espadas, de la Cofradía de Nta. Madre de las Angustias.

Foto: Juan Manuel Lorenzo
      V- Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R- Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
La Virgen Santísima sabía por las Escrituras la clase de muerte que había de sufrir su amantísimo Hijo, y ese conocimiento fue la espada de dolor que le predijo Simeón atravesaría su santísima alma, espada que llevó clavada en el ecorazón durante toda su vida. Pero en aquel momento en que oyó que los inicuos jueces lo había condenado y que lo llevaban a crucificar al Calvario, ¡quién podrá expresar lo que sintió en lo más profundo del alma cuando instantes después lo encuentra bajo la cruz camino del Calvario?
¡Oh Virgen dulcísima! ¡Oh Madre amantísima!
¡jesús mío, por el encuentro con vuestra Madre en el camino del Calvario, ten piedad y misericordia de nosotros!

VI.            El Cirineo ayuda a cargar con la Cruz:
        · Redención (Mariano Benlliure, 1931), de la Cofradía de Jesús Nazareno Vulgo Congregación.

Foto (retocada):  Rubén Domínguez

V- Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R- Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
A Jesús le había condenado a que llevase él mismo la cruz, pero en mitad del camino, y tras la primera caída, le ven tan exhausto, que los soldados creen que si no le ayudan a llevarla, se les morirá por el camino. Entre los espectadores ven a Simón e Cirineo que venía de los trabajos del campo, y le obligan a cargar con la cruz. No le ayudan por compasión, sino por el ansia que tenían de verle crucificado.
¡Jesús mío, que nos invitas a participar en vuestra cruz, ten piedad y misericordia de nosotros!

VII.            Verónica limpia el rostro de Jesús:
         · La Verónica (Ramón Álvarez, 1885), de la Cofradía de Jesús Nazareno Vulgo Congregación.
Foto: Jenny Sánchez
      V- Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R- Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Jesús cargado con la cruz no puede impedir que le roce en la corona de espinas y que estas le causen terribles dolores en la cabeza. La sangre, sudor y polvo le corre por el rostro y hasta se le mete en los ojos. Entonces una valiente mujer llamada Verónica, viéndole en aquel estado se conmovió y acercándose con valentía limpió el rostro del Salvador con su pañuelo. Jesús le devolvió el favor imprimiendo en él la imagen de su rostro.
¡Jesús mío, que quisisteis ser humillado y afeado con inmundos salivazos para expiar nuestro orgullo, ten piedad y misericordia de nosotros!

VIII.            Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén:
           · Nazareno (Antonio Pedrero, 1999), de la Cofradía de Jesús Nazareno Vulgo Congregación. 
 
Foto: Jenny Sánchez

      V- Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R- Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Seguía a Jesús una gran muchedumbre de pueblo y de mujeres que se golpeaban el pecho y lloraban. Volviéndose hacia ellas, Jesús les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí. Llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos…»
Las mujeres lloraban… ¡Oh, Jesús! ¿Y qué corazón más duro que las piedras, no se conmoviera y llorara si os viera en aquel lamentable estado?
Aquellas mujeres lloraban, aún creyéndoos culpable, porque vuestro estado era tal que aunque fueseis criminal eráis digno de compasión.
¡Jesús mío, que consolasteis a las mujeres de Israel que llorando os seguían, ten piedad y misericordia de nosotros!

IX.            Jesús cae por tercera vez:
        · Jesús en su Tercera Caída (Quintín de Torre, 1947), de la Hermandad de Jesús en su Tercera Caída.
Foto: Juan Manuel Lorenzo

      V- Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R- Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Cuando ya faltaban pocos metros para llegar al lugar de la crucifixión, Jesús está tan fatigado que ya no puede más. Los verdugos que estaban ansioso de verlo cuanto antes colgado de la cruz, le insultan, le empujan y le llenan de improperios para que camine, pero el Señor desfallecido, cae al suelo por tercera vez. Había mantenido su decisión de secundar los planes de Dios, a los que servían los planes de los hombres.
Los Soldados en lugar de compadecerse de Él, le insultan y, entre risas, burlas y blasfemias le obligan a levantarse y a caminar hasta llegar al lugar de la muerte.
¡Jesús mío, que sucumbiste por tercera vez al pensar en nuestras ingratitudes, ten piedad y misericordia de nosotros!

X.            Jesús es despojado de sus vestiduras:
       · La Desnudez (José Mª Garrós, 1901), de la Cofradía de Jesús Nazareno Vulgo Congregación o
      · La Desnudez (Manuel de Borja, s. XVII), de la Cofradía del Santo Entierro de Benavente.

Foto: Horacio Navas
      V- Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R- Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Habiendo llegado al lugar de la crucifixión, el jefe de los soldados ordena que le desnuden. Pero para desnudarlo, antes tienen que quitarle la corona de espinas, que le arrancaron sin compasión. Luego tratan de quitarle las vestiduras, pero éstas estaban pegadas a las heridas que le cubrían todo el cuerpo. Los verdugos se las arrancan sin la más mínima delicadeza.
¿Quién podrá calcular el dolor que sentiría el Señor al arrancarle la ropa pegada a las heridas? Jesús envuelto en un mar de sufrimientos, manando sangre por todo el cuerpo, desnudo a la vergüenza del populacho, no puede tenerse en pie.
¡Jesús mío, despojado de vuestras vestiduras para expiar nuestras inmodestias y sensualidades, ten piedad y misericordia de nosotros!

XI.            Jesús es clavado en la cruz:
        · La Elevación de la Cruz (Aurelio de la Iglesia, 1900), de la Cofradía de Jesús Nazareno Vulgo Congregación.     

Foto: Óscar Antón
      V- Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R- Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Ha llegado el momento supremo. Jesús es tendido en la cruz y aquellas fieras, más que hombres, que le rodean, atraviesan sus manos y sus pies, con gruesos clavos que taladran sus carnes produciéndole un inmenso dolor.
Considera alma mía el dolor que sufriría Jesús con semejante tormento. Si una picadura de alfiler nos duele tanto, ¡cuánto sufriría Él, que no con alfileres sino con gruesos clavos le atraviesan manos y pies, miembros llenos de nervios, músculos y venas, que son lon mas sensibles al dolor!
¡Oh mi buen Jesús! ¿Estáis todavía vivo? Pues ¿cómo podéis soportar voluntariamente tan acerbisimos dolores?
¡Jesús mío, clavado en la cruz para expiar nuestras iniquidades, ten piedad y misericordia de nosotros!

XII.            Jesús muere en la cruz:
         · Cristo de La Laguna (Gil de Ronza, 1522), de la Cofradía de la Santa Vera Cruz.
Foto: Jenny Sánchez
      V- Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R- Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Jesús, Rey del universo, sin más símbolo de su poder que una corona de espinas, desnudo, chorreando sangre, con las manos abiertas como queriendo abrazar al mundo entero, sin más apoyo que tres clavos donde descansa el peso del cuerpo haciendo insoportable el dolor de las heridas, pasa tres horas interminables sufriendo indecibles tormentos.
Jesús expira… tiembla la tierra, se oscurece el sol, pártense las piedras, los muertos resucitan; sólo el hombre, más insensible que la naturaleza, permanece indiferente ante la muerte del Creador. Con la muerte de Jesús tiembla y se estremece el universo entero.
¡jesús mío, muerto en los brazos de la cruz para abrirnos las puertas del Paraíso, ten piedad y misericordia de nosotros!

XIII.            Jesús es descendido de la cruz:
          · El Descendimiento (Ramón Álvarez, 1859) o
          · El Descendido (Mariano Benlliure, 1879)  de la Real Cofradía del Santo Entierro.
Foto: Jenny Sánchez
      V- Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R- Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
José de Arimatea y Nicodemo le bajaron de la cruz y le pusieron delicadamente en los brazos de su Madre… La Virgen lo abraza y lo besa con indecible ternura y amor. No odia a los judíos que lo mataron. Ella sabe muy bien que no fueron ellos quienes le quitaron la vida, pues recordaba las palabras de su hijo Jesús: «Yo doy mi vida; nadie me la quita sino que Yo mismo la doy de mi propia voluntad…» A Jesús nadie lo hubiera matado si Él no ubiera querido; su muerte fue voluntaria, por nuestro amor, y la Virgen lo sabia.
Ayudadme, Virgen Santísima; ayudadme a corresponder a su amor y a no querer nada en el mundo más que agradarle y serle fiel.
¡Jesús mío, que dispusisteis que vuestro cuerpo fuese depositado en los brazos de vuestra Madre Dolorosa, ten piedad y misericordia de nosotros!

XIV.            Jesús es sepultado:
           · La Urna con el Cristo de Aurelio de la Iglesia (1898), de la Real Cofradía del Santo Entierro.

Foto: Archivo Histórico Provincial de Zamora
      V- Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R- Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
José de Arimatea regala a Jesús su sepultura. La Virgen le da el último adiós y deja que lo sepulten. Las mujeres corren a comprar aromas. Y Juan, obediente a Jesús lleva la Virgen a su casa. Pero María aquella noche no duerme…
La Santísima Virgen es nuestra Corredentora, porque sabiendo que su Hijo entregaba su vida voluntareamente, Ella acepta que la entregue, y aunque eso le causa un inmenso dolor, también lo acepta y, uniendo sus sufrimientos a los de su Hijo, todo lo ofrece al Padre, para la gloria de Dios y por nuestro bien.
¡Jesús mío, encerrado primero en el sepulcro y ahora en el Tabernáculo, ten piedad y misericordia de nosotros!

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