jueves, 25 de mayo de 2017

Renovada Junta Directiva

Siempre que la Junta Directiva es renovada, independientemente del número de integrantes que varían, se comunican los cambios a través del blog. Así pues, a partir de hoy, la nueva Junta Directiva de La Asociación de Cofrades y Amigos por la Semana Santa, Luz Penitente, será la siguiente:

Presidente: Carlos Gutiérrez Prieto (Socio fundador)
Vicepresidente: Horacio Navas Juan (Socio de número)
Secretario: Óscar Antón Vacas (Socio fundador)
Tesorero: Ismael Hernández Tejero (Socio de número)
Vocal: Miguel de Luis Bragado (Socio de número)
Vocal: Alberto Machado López (Socio de número)
Vocal: Beatriz Cepeda Benito (Socio de número)

sábado, 20 de mayo de 2017

Crónicas Semana Santa 2017


Este año hemos dejado de lado el resumen que solíamos hacer de la Semana Santa, para dar paso a una crónica por procesión. Así pues, los mismos socios de Luz Penitente han sido los que han llevado a cabo estos excelentes relatos.

Y ya finalizadas, a continuación, os enlazamos todas para que podáis acceder a sus lecturas de manera mucho más cómoda.

Muchas gracias a todos los socios que han escrito sus crónicas y esperamos que os gusten.


viernes, 19 de mayo de 2017

Domingo de Resurrección: En Busca de La Alegría

Los Barrios Bajos de Zamora amanecen con sonidos de cohetes, petardos y con el repicar de las campanas de la Iglesia de La Horta que, después de una semana, suenan alegres y risueñas. Los pájaros pían, mientras vuelan alrededor de las flores que crecen en los jardines que rodean la majestuosa Iglesia románica. El sol brilla y deslumbra, dando la bienvenida a toda una ciudad que lloraba, hasta hace muy pocas horas, una de las injusticias más dolorosas de nuestras vidas. Ha llegado el Domingo de Resurrección; ha llegado, Cristo Resucitado.

Y Él, resguardado bajo un gran manto rojo, sale triunfante por las calles más viejas de Zamora. Cruza la Plaza donde hace pocos días llorábamos su muerte, deja a su izquierda al Puente de Piedra que, feliz, abraza al río Duero y juntos saludan al Hijo del Hombre, mientras sube la, hoy nada empinada, Cuesta del Pizarro.

Y se inclina ante las Iglesias y Templos que va encontrándose a su camino. Y se arriman más y más gentes que, cansados de tantas desdichas que trae el día a día, necesitaban un motivo para salir a la calle y celebrar lo maravillosa y mágica que es, en realidad, la vida. Junto a Cristo, arropándole. Porque con tan sólo mirarle, nuestra cara esboza una hermosa sonrisa de amor.


Pero no todo es felicidad en un día como hoy. Al menos, de momento. La Virgen María, aún dolorosa, sale un pelín más tarde a la calle, lo suficiente como para no encontrar aún a su Hijo, que ya no está en el sepulcro.

Con amargura toma otro camino porque, quizá, haya subido la Cuesta del Piñedo. ¿Quién sabe? La verdad es que hoy se hace muy pesada la cuesta, siendo más empinada de lo normal. Cruza la Plaza de Santa Eulalia, pero Él no está. Quizá deba pasar su mirada por la Calle San Torcuato, pues últimamente ha pasado mucho tiempo por ahí, pero ni rastro. Aún en soledad y tras un pequeño descanso al lado del templo de Santiago del Burgo, Ella se da cuenta y cree poder encontrarlo en la Plaza Mayor. ¡Ése debe ser el sitio donde podrá verle! ¡Ahí es el punto de reunión de muchos zamoranos!

Así pues, se adentra por la calle más transitada de Zamora con esperanza de encontrarle. Ya en la Plaza Sagasta, presagia algo. Siente que las espadas que se le clavaron en el corazón hace un par de días, se aflojan y se caen; empieza a olvidar el peso de los clavos que sostenía hasta hace pocos minutos y, con algo de angustia porque el tiempo se le alarga y no consigue ver bien a causa de las lágrimas, llega, por fin, al centro de la Plaza Mayor.
 

Sí, ahí está. El encuentro con su hijo es lo más maravilloso y mágico que se podía haber imaginado nunca. Vuelve su felicidad, su sonrisa, su alegría.

Y ahora, juntos, descienden Balborraz en el único momento en que esta cuesta irradia felicidad, pese a su desastroso estado durante todo el año. Cristo y la Virgen María, acompañados de toda Zamora, regresan a su hogar y dejan atrás una Semana Santa más. Una Semana Santa que se nos clava en el corazón, porque si hay algo más maravilloso y mágico en esta vida, es haber nacido en este humilde pueblo y vivir estos días con el mayor de los sentimientos.


Texto: Óscar Antón
Foto Resucitado: Jennifer Sánchez
Foto Virgen de la Alegría: Óscar Antón

jueves, 18 de mayo de 2017

Sábado Santo: Mi cita anual con La Virgen de la Soledad

Todo semanasantero recibe con ilusión el jueves de dolores: ¡empieza lo bueno! Pero todo semanasantero sabe que es inevitable sentir predilección por una imagen o una procesión en particular. Quien mejor lo entenderá serán las madres, que quieren y disfrutan con todos sus hijos por igual, pero siempre hay uno que, por puro instinto y sin querer, se adueña de su corazón. 

Del mío se adueñó una madre, La Madre por excelencia de todos los zamoranos, la Virgen de la Soledad. Nuestra relación comienza hace más de veinte años, cuando mis padres, viendo cuánto me gustaba la Semana Santa, le pidieron a mis primas mayores que me llevasen con ellas en la procesión. Desde entonces, la Madre Soledad ha formado parte de mi familia, y su día no deja de significar para mí una reunión familiar. 


Este año la mala suerte quiso que no pudiera acompañarla en su desfile anual por las céntricas calles de Zamora. Aún así, en compañía de mi familia (y mis muletas) la esperé en Santa Clara. Hacía muchísimos años que no veía la procesión, por haber estado formando parte de ella. Me sentía extraña: no había tenido que sacar unos días antes la capa para que se fuera estirando, o el traje, si ese año me tocaba salir con el clarinete; no había ido a recoger la cera, no había preparado el medallón, los guantes… pero la esperaba, a pie de calle, con la misma ilusión que había esperado otros años a que dieran las ocho y comenzásemos a andar, con los mismos nervios por verla entrar en la Plaza Mayor ya de noche, para finalizar el recorrido. 

Se oían de lejos las cornetas y tambores, que siempre me recuerdan a la niña que fui, que en cuanto los distinguía entre el bullicio, se giraba para decirle a su abuelo “¡que ya viene!”. Pero en mi cabeza solo sonaba la Marcha Fúnebre de Chopin, esa marcha que tantos años he tocado junto a mis compañeros de la Banda Maestro Nacor Blanco para acompañar a la Soledad con nuestro esfuerzo, todavía sintiendo el cansancio del Jueves y Viernes Santo. Una marcha que siempre fue más Soledad para mí que la propia Soledad de Cerveró, una marcha que transforma a la Virgen y la impulsa a seguir caminando, a paso lento, pesado, cansado, y que te transforma a ti mismo, y de repente eres capaz de sentir su sufrimiento, y llegas a imaginar cómo sus lágrimas resbalan por sus mejillas, y te cala a ti también su soledad.


Este año la procesión traía novedad. Quería estar atenta para ver si la idea de hacer avanzar a las hermanas de dos en dos funcionaba, porque somos tantas las zamoranas hijas de la misma Madre que la ejecución del desfile cada vez se pone más complicada.  

Desde la acera, la Soledad también se hace de rogar. Pero la espera siempre merece la pena. La distingues a lo lejos, con su luto reluciente, cabizbaja, arropada por la brisa que siempre mece su manto, y poco a poco se va acercando a ti, tan despacio. 

Será por la confianza de tantos años, pero siempre que veo a esta imagen me sale sin querer contarle algo. Este año le recordé que el día que me lesioné fui a verla a San Juan y le pedí que pudiera ya andar para el Sábado Santo. Pero como no había podido ser, esta vez le dije que pasara lo que pasara, me cayera donde me cayera o me rompiera lo que me rompiera, el año que viene desfilaría a su lado.

Texto: Beatriz Cepeda
Fotos: Horacio Navas

miércoles, 17 de mayo de 2017

Viernes Santo: Nuestra Madre al Son de la Música

Es el momento de correr. De corriendo quitarte la túnica de terciopelo negro y ponerte tu estameña, o de correr al terminar de tocar en el Santo Entierro para tocarle a Nuestra Madre y acompañar su bella imagen en su procesión.

¡Qué bonito es ser hermana o hermano de paso y acompañar a la Virgen a su lado! ¡Y qué bonito también tocar esas marchas y verla caminar a su ritmo, sobre los hombros de los valientes cargadores que llevan todo el año esperando para ello!


Y a las 23.00, puntuales como un reloj, empiezan a sonar las cornetas y tambores de la banda. Y el barandales, avisando a todos de la llegada de la procesión.

Comienzan a salir los hermanos y hermanas con sus caperuces y sus hachones. Ya resuena el golpe de la madera en el suelo.

Y una imagen a ruedas comienza a andar, conocida como Cristo de la Cruz de Carne, ahora de las Angustias, emocionando a todos los devotos que en las aceras se agolpan para ver salir esta imagen que duerme durante todo el año en la Catedral, niños y no tan niños ilusionados por vivir una vez más su Semana de Pasión. 


Es la hora. Es la hora de tocarle el himno para que la preciosa imagen de Nuestra Madre de las Angustias comience su recorrido con los mayores honores que yo, con mi banda, le podemos ofrecer. Y al terminar el himno...

La, LaDoSiLaSol... Las notas compuestas por Pedro Hernández Garriga inundan las calles y le dan fuerzas a María para aguantar, para sostener a su hijo muerto en sus brazos. Lágrimas de dolor por la muerte de su hijo, lágrimas de Madre, que salen de su gran corazón, corazón de Madre de todos nosotros, los que le rezamos, los que la sentimos. Preciosa imagen de Ramón Álvarez, coronada canónicamente en 2014.
¡Qué bonito, qué bonito es tocar dedicándote cada nota, qué bonito tocar con tu medalla en el pecho!

Y detrás te sigue la imagen de la Virgen de las Espadas. Los cargadores, con fuerzas renovadas este año, te hacían lucir preciosa al son de tu nueva marcha que lleva tu nombre, Virgen de las Espadas, marcha que, muy orgulloso, te ofrecía Víctor Argüello. En tu corazón, siete Espadas clavadas, siete dolores, siete episodios tristes que viviste; y en tus manos, un rosario, pidiéndole a Dios ese milagro que al tercer día se produce. 


Y al final, los tambores de cierre, esos que no quieres que lleguen, porque sabes que queda cada vez menos de tu semana favorita del año.

Pero este año, tenéis otra sorpresa; también con nuestras voces zamoranas hechas canción por el Coro Sacro, queremos honraros y, devotos, cantaros a vuestro paso por Santiago el Burgo. "Cristo por Nosotros", al paso del Cristo De la Cruz de Carne. Las voces de los hombres que acaban mezcladas en una preciosa polifonía de hombres y mujeres. El "Stabat Mater" que Tú, Madre, siempre escuchabas en la Plaza Mayor, te aguarda esta vez a tu paso por Santa Clara. Y para ti, Virgen de las Espadas, te cantamos el "Ave María", para agradecerte todo lo que nos ofreces durante todo el año, o para pedirte perdón, si solo nos acordamos de ti en momentos puntuales.

Llega la procesión a la Plaza, y todas las hermanas y hermanos entonan el canto de la Salve, en unísono, noche de estar todos unidos a tu paso, cruzando la Plaza Mayor para llegar hasta tu hijo crucificado y la Virgen de las Espadas. Ya no hay tambores. Sólo voces te guían en tu caminar.


Es hora de regresar a san Vicente, a tu casa. Ahí te volveremos a tocar el himno a tu entrada para cerrar un año más ese círculo. Sólo pido para el año que viene poder estar, como cada año, acompañándote y haciéndote un poco más fácil tu noche por las calles zamoranas.

Texto: Gema Llamero
Fotos: Ismael Hernández

martes, 16 de mayo de 2017

Viernes Santo: Comienza el Cortejo

Suena el despertador. Son las 4 de la tarde. Apenas he dormido un par de horas, pero no estoy cansado. Ha sido una noche larga… o eso dicen, ya que mi noche ha sido, aún sin dormir, la más corta del año.

Me dirijo a un funeral, pero no uno cualquiera porque, según las gentes de esta ciudad, voy a vivir uno de los momentos más estremecedores de la existencia humana.

Encuentro un sitio en una de las calles más transitadas de Zamora. Hace calor, mucho calor. Últimamente nos estamos acostumbrando al calor durante estos días. Frente a mí, en pleno centro de la calle, se ubica una hermosa Iglesia románica. Anonadado me hayo observando su rosetón cuando, de repente, diviso a mi derecha unos caballos. Comienza el Cortejo.


Según se acercan, el corazón me late más deprisa. Ver a estas bellas criaturas con el sonido, de fondo, de unos tambores que suenan a muerte, hace que me entre en el cuerpo una sensación extraña pero, eso sí, muy hermosa.

A continuación, un personaje muy curioso toca unas esquilas. Su cometido parece ser el de avisar a la gente de que el entierro ya está aquí. A mi lado, una niña de unos 10 años comienza a llamarme la atención, ya que les está explicando a sus abuelos que ese personaje se llama “Barandales”, sale en muchas más procesiones y, en cada una de ellas, tocando unas esquilas distintas, siendo las del Santo Entierro, las que más pesan.

La miro asombrado, pues no esperaba que una chiquilla tan pequeña, supiera cosas como esas. 


Vuelvo a la procesión y aparece el primero de los pasos. A mí mismo me digo: “Aquí viene la Virgen”. Pero parece ser que no lo dije tan bajo como quería, pues la niña de al lado me oye y, valiente, me rectifica: “No es la Virgen, es la Magdalena”.

La sonrío pero, automáticamente, me ruborizo tanto que tengo que apartar la mirada enseguida. ¿Cómo he podido tener este error? La niña tiene razón, porque claramente se ve a La Magdalena sostener, en sus manos, un pañuelo y un pomo de perfumes, para limpiarle a Cristo las heridas causadas por la crucifixión. La imagen es muy hermosa y su mirada, perdida en el cielo, se me clava en el corazón. Es la misma mirada de alguien que ha perdido a un ser querido.

La cosa no ha hecho más que empezar, cuando aparece el segundo paso. Una interesante representación evangélica… y una impresionante talla del crucificado que, según pasa delante de mí, siento como que empequeñezco. ¡Nunca había visto en Zamora paso tan alto!


Pero no tardaré en callarme la boca, porque viene La Lanzada. Las sobrecogedoras Imágenes, al ritmo de la marcha fúnebre, consiguen hacerme llorar, porque lo que estoy viendo es real… ¡Realmente le están clavando la lanza a Nuestro Señor Jesucristo!

Y de la música, al silencio. Sigilosamente se acerca el Hijo de Dios, clavado en la Cruz. Me santiguo y no puedo dejar de suplicarle que, por favor, nos perdone. ¿Cómo es posible que el hombre pueda llegar a ser tan malvado? ¿Cómo puede destruir todo lo que ve a su alrededor? Da igual que sea con otras personas, animales, o con la misma Tierra, ensuciándola, quemándola, contaminándola… Destruyéndola.

Bajo la cabeza y pierdo la mirada al suelo, pero la niña que tengo a mi lado me despierta, porque sigue entusiasmada contándoles a sus abuelos todo lo que sabe de esta longeva Cofradía: “Ahí viene el primer paso que hizo Ramón Álvarez para la Semana Santa”.

“¿Ramón Álvarez?” Le digo. “Sí –me contesta- es el imaginero más famoso de Zamora y tiene muchos pasos”.

Mi mente no deja de pensar en lo lista que es la niña. Miro esa primera obra de Ramón Álvarez y descubro que representa el momento en que a Cristo lo descienden de la cruz. Las miradas de todas las figuras tienen un gran realismo, llamándome mucho la atención José de Arimatea y Nicodemo. No me extraña que confiaran en Ramón Álvarez para la creación de más pasos.

Luego vienen dos imágenes de la Piedad. La primera debe ser, según me dijo un amigo zamorano, la que realizó el sevillano Ramos Corona hace pocos años. La segunda es más completa, ya que tiene seis figuras más. En este llanto sobre Cristo muerto me fijo, sobre todo, en la Virgen María, que grita al cielo la misma pregunta que todo el mundo se realiza cuando nos encontramos en esta situación: “¿Por qué?”

“Ese paso que viene por ahí se le conoce como La Pulga”. Miro a la niña, que sigue deslumbrándome con su sabiduría. No puedo más y le pregunto que cómo sabe tanto. Me dice que le enseñaron todo eso en una visita guiada que tuvieron con el colegio al Museo de Semana Santa.

Tímidamente la sonrío y le pregunto que por qué, a un paso que representa el momento en que a Cristo lo trasladan al Sepulcro, lo llaman “La Pulga”. “Porque una mano de Cristo tiene dos dedos tan juntitos, que parece que está aplastando una”, me dice.

¡Qué encantadora de niña! Sus abuelos la miran orgullosos mientras, de fondo, se oye Mater Mea, una de mis marchas favoritas. Poco a poco, la música se adentra más en mis oídos y es por ello que vuelvo a la procesión para ver la siguiente escena del funeral: San Juan y la Virgen. Y es que ya lo dijo Jesús: “Juan, he ahí a tu madre. Mujer, he ahí a tu Hijo”.
 

Ellos mismos encabezan el paso del Retorno del Sepulcro, eso sí, en un grupo escultórico más completo. Viene muy tranquilo, sin música. Como en cualquier funeral, todas las voces y sonidos se apagan en el momento exacto de enterrar a nuestros seres queridos. Es un momento de silencio absoluto. Todo se apaga.

Sin embargo, a continuación, veo el cuerpo muerto de Cristo en una hermosa Urna de madera. Esta vez, la marcha fúnebre de Chopin sustituye al silencio, pero el dolor es igual de intenso.

Y para finalizar, esta vez sí, la Virgen de los Clavos. Ahora, la niña es la que me habla directamente a mí y me dice que es “la última obra de Ramón Álvarez”. Así pues he podido disfrutar, en una misma procesión, de la primera y última gubia del imaginero. “¡La única que va bajo palio!”, me repite sin cesar. Y la veo marchar. Lenta. Mirando al cielo. Preguntándose por qué. Y yo también me lo pregunto… ¿Por qué?

Acabado el cortejo, me doy la vuelta para darle las gracias a la niña, pero no la encuentro. No obstante, a lo lejos, la veo marchar cogida de las manos de sus abuelos. Se la ve feliz, contenta, orgullosa de pertenecer a una Semana Santa como la de Zamora.

Y yo, paralizado viéndola marchar, sonrío por ella. Sonrío por sus abuelos. Y sonrío por todos los zamoranos que están conservando esta grandiosa Semana Santa pues, gracias a ellos, he vivido una tarde, la del Viernes Santo, inigualable. Sonrío por ellos y, desde hoy mismo, también sonrío por mí.


*Extractos de este relato están basados en hechos reales y, por eso, se lo dedico a Carmen. Y a todos los niños y niñas que aprenden con mis palabras a amar nuestra Semana Santa.

Texto: Óscar Antón
Fotos: Jennifer Sánchez

viernes, 12 de mayo de 2017

¿Redención en Pontevedra?

De todos es bien conocida la obra "Redención", realizada por Mariano Benlliure en 1931 para la Cofradía de Jesús Nazareno "Vulgo Congregación" de Zamora. Pero lo que muy poca gente sabe, es que hay una imagen muy parecida, casi calcada, a menos de 400 Km: en Pontevedra.


Mientras que la obra de Benlliure la forman tres imágenes (Cristo camino del Calvario junto a Simón de Cirene, ayudándole a cargar con la cruz y María Magdalena tumbada en el suelo, intentando aguantar el dolor), la gallega únicamente tiene la de Cristo. Sale en la Cofradía de Nuestro Padre Jesús con la Cruz a Cuestas, fundada en 1949. Al igual que la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Caído de Zamora (ahora denominada "Jesús en su Tercera Caída"), es una Cofradía de Excombatientes.


A continuación, extraigo algunos párrafos de la web oficial de la Cofradía para conocer, más a fondo, el paso de "Jesús con la Cruz a Cuestas":

"Está realizada en 1952 por José Puente Otero, un escultor compostelano formado en el taller de José Rivas. Representa a Cristo cargando la Cruz sobre el hombro derecho, apoyando la mano derecha sobre el travesaño, mientras que el brazo izquierdo está extendido hacia abajo y ligeramente hacia atrás, con el fin de mantener el equilibrio y la posición vertical.

La Imagen fue sufragada por el Cofrade Fundador Heliodoro Feijóo Mantilla, y para su realización, desde la Cofradía se organizó una comisión que se trasladó a Zamora en busca de un modelo iconográfico, tomándose como referencia el Paso Camino del Gólgota realizado en 1933 por Mariano Benlliure, para la Cofradía de Jesús Nazareno, Vulgo Congregación de Zamora, y aunque entre las dos Imágenes existen notables similitudes, también hay diferencias.

Cristo viste una túnica de color marfil con amplios y abultados pliegues que generan numerosos contrastes lumínicos, dejando visible el lado izquierdo del pectoral y de la caja torácica, dejando entrever el resto del cuerpo por los plegados de la túnica.

Presenta un buen estudio anatómico y de las proporciones, destacando sobre todo el tratamiento del rostro. La cabeza está cubierta por una amplia y ondulada melena, de la que caen por la parte delantera dos mechones.

No exagera las marcas de la Pasión, la más destacada es una yaga situada en el hombro izquierdo, y junto a ello están los regueros de sangre que caen por el rostro a consecuencia de la corona de espinas. Además de estos detalles, presenta también los pómulos ligeramente enrojecidos, enfatizando la congestión del rostro a consecuencia del peso de la cruz.

El rostro presenta una expresión serena y resignada. Es un rostro que muestra rasgos característicos del estilo del autor, tales como un leve abultamiento en el tabique nasal o el modo de tratar la cabellera, a base de rastrear los mechones de cabello".

Una vez más, Zamora y su Semana Santa, sirven de modelos para procesiones y Cofradías de otros puntos del país.


Imágenes "Redención" y crónica realizada por: Óscar Antón
Imágenes "Cristo con la Cruz a Cuestas" y texto sobre la figura, extraído de la web de la Cofradía: http://www.npjcruzacuestas.org/index2.html
Agradecimientos: Rubén Sánchez Domínguez, por su crónica sobre las Cofradías de Excombatientes en el "Barandales 2017" pues, gracias a su lectura, encontré la imagen pontevedresa.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Suena Thalberg..... "La Mañana" está en la calle.

Es Viernes Santo, y Zamora madruga para acompañar a Jesus Nazareno en su particular camino, un camino duro, que aquí en Zamora comienza en la que a sido su casa desde hace más de 360 años, la imponente iglesia de San Juan, donde comienza el sermón junto a su paso titular y su imagen más venerada.
Los hermanos de cruz, se concentran en las inmediaciones de la puerta sur del templo, que vestidos de percal negro se preparan para iniciar el camino
Zamora acude a la llamada de la Congregación, acude al sonido de la sordina y del bombo destemplado; 
suena el Merlú, que como todos los años anuncia el ascenso al Calvario particular, al Crucero.

La ciudad congregada a los pies de la Iglesia escucha el estruendo de tambores, que explota en el algarabío de hermanos en un mar de cruces negras.
Y en el interior del templo suena Thalberg, esas primeras notas inconfundibles de la Pasión, propias de un pueblo, convertido en himno que suenan una noche más de viernes Santo.


Son las 5 de la madrugada y ya baila el Cinco de Copas en San Juan , el centurión indica el camino en la noche y un pueblo entero sigue al Nazareno cargando con la cruz....Suena Thalberg, la Mañana sale a la calle.


De camino a Las Tres Cruces, se desarrolla la escena de la Pasión, por Renova avanza La caída y se muestra de la mano de Ramón Alvrez, en uno de los rostros más humanos de la Semana Santa; donde Jesús cae entre gestos de dolor de la Madre y sonrisa burlona de un niño.


Avanza, casi flotando, la madera hecha Redención, esperando que amanezca para reflejar los primeros rayos de sol en el espejo de Benlliure.
Detrás, como si de una escena de dos piezas se tratara, aparece Las tres Marías y San Juan, demostrando Hipolito conjugar, con escasos colores, el parentesco con la obra que le precede.

Sube la procesión por Santa Clara, y el Nazareno por un instante y haciendo alusión a la pluma de San Lucas y a la gubia de Pedrero, se preocupa más de consolar a las santas mujeres, que del castigo afligido. 
Su rostro de dolor es bien conocido pues se encarga de recogerlo La verónica en un paño y mostrárselo a Zamora en su elevada peana sobre un manto de flores, hondeando con orgullo entre sus brazos el "vero icono"

Jesús es despojado de sus ropajes, con la mirada absorta, fija en el barreno que atraviesa la cruz donde se fijará el hueso y cruzará el clavo. 
Llega a las tres Cruces Jesús recostado en la rígida madera y esta vez Ramón Alvarez, nos muestra, como nadie, el crítico y duro momento de La crucifixion; pues parecen resonar los llantos de dolor y de los martillos en la madrugada ante la frialdad del centurión, mostrandole la escena a los presentes, y estos contienen el aliento en la fria mañana, al ver la imponente escena de La Elevación de la Cruz; en un alarde de equilibrio se eleva la cruz hacia al cielo ya amanecido ante la mirada de dolor de los suyos.
La procesión llega al crucero con el dolor y sufrimiento de Cristo, arropado por los hermanos acompañandole en su Agonía, junto a María y San Juan y el abrazo de María Magdalena a los pies de la cruz, que ya está en pie, erguida, divisando a lo lejos la imagen delicada y dulce de su madre.


Sola va La Soledad, con la mirada caída, recogida en su dolor, con las manos entrelazadas en un gesto de resignación y tristeza. La cabeza agachada, perdida en sus pensamientos bajo la preciosa corona y bajo el manto protector de tantos y tantas.

Después del descanso, donde se desarma el nudo en la garganta y se desenoje el corazón de todo Zamora, se vuelve a llenar el horizonte de cruces. Esa porción de Zamora que antaño la cubrían terrenos y fincas hoy absorbida por el desarrollo pero manteniendo la tradición. 
Las filas forman y La Congregación rinde homenaje a su imagen mas venerada realizando la Reverencia simbolizando el encuentro de Jesús con su madre.

La procesión baja de camino hasta la Plaza Mayor entre sonidos del Melú, Thalberg, sol y almendras garrapiñadas. Es aquí, donde horas antes iniciaba entre una multitud de hermanos la andadura hasta el crucero, donde tradición y alarde bajo los banzos se juntan para el bailar los pasos.

Y de nuevo aparece la Soledad, ya no tan sola, pues de nuevo la marea de cruces de sus hermanos aparece como símbolo de respeto y despedida mientras entra por la puerta hacia su descanso del resto del año.

La mañana regresa a casa, los pasos descansan en el Museo, y en esa despedida a la Virgen se pedirán deseos para dentro de un año, cuando el dedo del centurión volverá a marcar el camino, cuando se congreguen en torno al Merlú, cuando toquen los tambores, cuando vuelva a sonar Thalberg, cuando el reloj marque las cinco de la mañana, cuando se vuelva a congregar El vulgo, entonces será cuando la La Mañana esté en la calle.

Texto: Carlos Gutierrez
Fotos Isabel Pardal.



lunes, 8 de mayo de 2017

PALPANDO EL RECOGIMIENTO

La noche del jueves santo se vuelve a llenar de silencio, de recogimiento y estameña. Vuelven las calles a cubrirse de sobriedad con el paso de la Penitente Hermandad de Jesús Yacente.

Con un orden ejemplar salen los cofrades de Santa María la Nueva para recorrer las tortuosas calles de su recorrido, calles que se llenan de altos caperuces que parecen apuntar al cielo. Figuras casi fantasmales entre las luces de las velas rojas van avanzando en el cortejo fúnebre.


Fúnebre si; porque, aunque Cristo no haya muerto en la pasión zamorana, traicionado y sentenciado horas antes en la tarde del Jueves y quedando aun su camino al calvario por recorrer, es cuando Zamora le dedica su momento, su particular dedicatoria en la noche. 

El blanco y el morado adornan la escena mientras las esquilas tiñen a muerto, anunciando la llegada del cuerpo sin vida, yacente, acogido por los fieles en las aceras entre las largas filas de hermanos en grupos de tres.

Entre las figuras iluminadas de los penitentes aparece un sonido propio de la noche del jueves, en ocasiones inapreciable, es la madera de tres cruces arrastrándose, soportadas por hombros de hermanos que voluntariamente y en un acto de fé, quieren sentir el peso del calvario.


En esas cruces ya no hay hierro, ya no hay clavos pues se muestran, junto a la corona de espinas, en el medallón de la hermandad y pertenecen al cortejo reposando en almohadones, como sutil reflejo de acomodar utensilios que causaron dolor.
La noche avanza hacia el acto que culmina todo recogimiento recogido. En la plaza de Viriato todos los hermanos acogen la imagen de Jesús Yacente, le arropan formando un anillo que da forma a la plaza.

En un silencio, solo interrumpido por las esquilas y el crepiteo de las velas, irrumpe el coro de la hermandad entonando el Miserere, el acto de alabanza mas grande de toda la semana santa; un llamamiento que asciende como una implosión de fe, de emoción, de sentimiento zamorano, unido todo ello en una plaza que se queda pequeña ante tal expresión de recogimiento.

Y con el corazón en un puño regresa al templo de salida donde descansa el Yacente todo el año. A la espera de que Zamora le vuelva a brindar otro pedacito de noche para encoger el alma, palpando el recogimiento.

Autor: Carlos Gutierrez
Fotos: Isabel Pardal

viernes, 5 de mayo de 2017

Promoción al Exterior


De todos es sabido que Luz Penitente aún no goza de una gran tirada del cartel promocional. No obstante, los que tenemos, los aprovechamos para que la promoción de nuestra Semana Santa sea lo más extenso posible.

Siempre guardamos una pequeña cantidad (los que podemos, vaya) para aquellos coleccionistas o cofrades de la Hermandad que protagoniza cada año el cartel. Así pues, esas cantidades son depositadas tanto en las Oficinas de Turismo como en el Museo de Semana Santa.

También unos poquitos son expuestos por los distintos escaparates de tiendas, oficinas o bares de Zamora. No son muchos los que dejamos, pero siempre procuramos dejar alguno para los barrios de la ciudad o en calles un poco más alejadas de la zona centro. 

Pero, eso sí, siempre guardamos una importante cantidad para exponer esos carteles fuera de Zamora, obviando a los pueblos de alrededor.

Todos los años, nuestro cartel alcanza tierras andaluzas como Málaga, Sevilla o Granada. Por norma general, también se disfruta en Madrid. Y, cada año, los colgamos en todos los sitios donde nos sea posible. En este 2017, por ejemplo, nos hemos estrenado en Medina del Campo.

Y así seguiremos, promocionando, dentro de nuestras posibilidades, lo máximo posible. Porque a través de nuestro blog o YouTube (donde se nos ha hecho saber que, bandas foráneas de Cornetas y Tambores, han disfrutado de nuestro certamen) está muy bien, pero que nuestro cartel alcance una ciudad como Londres, no tiene precio.